domingo, 15 de abril de 2018

CUATRO AMIGOS QUE FUERON A PESCAR




Casi un mes sin publicar un chisneto (¿pereza literaria?: no creo), por cuanto no he dejado de escribir. Hoy, sí publico esta historia que se me “resistía” (no la censuréis mucho), y con la que espero sacaros una sonrisa, en el día en que mi, hasta ahora, última nieta, Elena Redoli de Unamuno, recibirá el Sacramento del Bautismo, y pasará a ser un nuevo miembro de nuestra Iglesia.

Cuatro amigos, pacientes pescadores,
pasan un rato de pesca en compañía.
Uno de ellos, de pronto, se confía
y dice a sus colegas “predadores”:

«Para poder venir aquí, señores,
le he dicho a mi mujer que pintaría
comedor y cocina, y que pondría
a las puertas los nuevos tiradores».

Tras él, otro colega se sincera:
«Pues yo, para poder venir de pesca,
he limpiado enterita la nevera».

Y el tercero: «Por no meterme en gresca,
le he soltado una frase quijotesca:
“Este año te llevo a la Riviera”».

              [II]

Oída la razón, o parrafada,
alegada por cada” relator”,
faltaba aún que el otro pescador,
expusiera la suya, razonada.

Habiéndole llegado, pues, el turno,
y en vista de que tiene que mojarse
(sabe bien que no puede escaquearse),
declara, entre burlón y taciturno:

«Pues yo, que no sabía qué contar,
le he dicho a mi mujer: “Cariño mío
¿hacemos el amor?, ¿voy a pescar?...,

¡que ya van mis colegas para el río!”
Y ella me ha respondido, sin dudar:
«Pues, abrígate bien; no cojas frío».


sábado, 17 de marzo de 2018

LA JUBILACIÓN DE FERNANDO RAYA






En el día de ayer, compañeros, amigos y familiares de Fernando Raya Aranda, Jefe de Personal docente de la UMA, tuvimos la satisfacción de compartir, y departir en un entrañable acto con que el que quisimos honrarle, no solo con motivo de su merecidísima jubilación, sino por cuanto de bueno y generoso ha ido dejando en el camino que, a lo largo de más de cuarenta años de servicios, le ha conducido hasta ella.

Todos compartimos y departimos con él ―y entre nosotros― en un encuentro, insospechado por Fernando, pero, sutilmente organizado por su hermano Paco.

En un segmento que abarcaba toda clase de opiniones políticas, académicas, o ideológicas, sobresalió el buen entendimiento, la pax nobis, y sobre todo, el reconocimiento público a una labor única e irrepetible, de la que todos, en mayor o menor grado, nos sentimos deudores. Pasará mucho tiempo, antes de que alguien como él ofrezca a nuestra Universidad, esa profesionalidad, ese celo por el trabajo, y ese bien hacer, frutos del tesón, y del gran corazón de Fernando.

Un recuerdo a quienes no pudieron acudir, unas palabras de cariño y encomio de algunos participantes, y, cómo no, las de este que escribe y que, tras declararse “cultivador del ridículo”, contribuyó con la lectura de un pretérito documento, escrito en verso, en el que, en su calidad de Director de departamento, solicitaba, de Mari Carmen Carvajal, nuestra entonces Directora General de Profesorado, y compañera laboral de Fernando, una inexcusable y perentoria plaza de profesor de Alemán.
Hago, también, extensivo mi agradecimiento y mi cariño a esta irrepetible dama y amiga.


Me creció, Doña Carmen, otro enano
(o digamos enana, que es más justo).
Maite Sánchez se fue, muy a disgusto.
Regina renunció, e Inma Almahano,

tras dar un par de clases de tanteo
[está ‘fuera de cuentas y en espera’],
me dejó en esta plaza de tercera
―por no decir de cuarta― en que me veo

toreando al pedazo de alumnado
que en Alemán se me ha matriculado.
Prosigo, Doña Carmen, divagaba.

La siguiente en la bolsa de trabajo,
llamó, y dijo que no; que ¡qué carajo!,
que por poco parné no madrugaba.

                            [II]

Nos queda, aún, la quinta, y me supongo
que, con algo de suerte y un anzuelo,
podríamos pescarla; mas, recelo
que, si le hacemos un contrato―tongo,

esta, llamada Myriam, se nos pira
con viento fresco ―incluso con terral―;
así que no me falle, Carvajal,
que este, que es vuestro amigo, y bien os mira,

y lleva el sobrenombre de Ángel Cristo,
que vuestra muy Ilustrísima le ha puesto
―por aquello del circo y de panoli―,

le manda el alegato por Registro,
para ver si me arregla lo ya expuesto.
Dios guarde a V.I. (Firma, Redoli)

ILMA. SRA. DIRECTORA GENERAL DE PROFESORADO DE LA UMA

miércoles, 28 de febrero de 2018

UN CUÑADO EXCEPCIONAL



El chisneto de hoy, se basa en un chiste que me remite un querido amigo, Juan Aranda, malagueño y melillense de pro, cronista y escritor, y difusor de mis historias en medios gráficos, a quien tuve la suerte de conocer hace años, a raíz de una anécdota que recordamos de vez en cuando.

Era mediodía y yo volvía de clase. Juan se encontraba atendiendo al público en la estafeta de Correos en la que prestaba sus servicios, y a la que acudí con un enfado, fuera de lo normal, motivado por un certificado que, a pesar de encontrarme en casa, no me entregaron. El aviso en cuestión decía: “Ausente en horario de reparto”. Con ese encono, y a esas horas, me presenté en la susodicha oficina, protestando más de lo que uno pueda imaginarse (diré, en mi favor, que no era aquella la primera vez que, con “argumentos” similares, se me escamoteaba un certificado).

Mis protestas continuaron hasta que aquel funcionario, de rostro apacible y mirada conciliadora, me dijo, pausada y sabiamente: “Cálmese usted, que habrá que comerse los garbanzos tranquilamente”. Esas son las palabras que creo recordar casi con exactitud, y que, con el tiempo, habrían de propiciar una excelente relación que aún perdura.

Con esta adaptación de su chiste, y en señal de esa amistad aludida, le dedico a Juan, mi versión en soneto. Dedicatoria que hago extensiva a un colega y compañero, otro querido amigo, Enrique Baena, quien, dentro de unos días, se verá tan bien tratado como el protagonista de la historia; incluso mejor, ya que, no solo no habrá de soportar el agobio de sor Leticia, sino que contará con la certeza y confianza que da Dios en su divina Providencia.


Un hombre que, sintiéndose indispuesto,
cayó al suelo, de forma accidental,
fue trasladado a un próximo hospital,
en donde le atendieron con apresto.

Tras una delicada operación,
y una convalecencia sin problemas,
había que tratar un par de temas:
quién y cómo pagar la intervención.

El hospital (católico y romano),
de atención impecable, aunque costosa,
tenía una gestora competente,

la cual, se presentó, factura en mano,
con el fin de cobrar “la dolorosa”.
Y le dijo al enfermo cortésmente:

                            [II]
«Análisis y tac son favorables;
las pruebas realizadas, día a día,
reflejan una franca mejoría.
No hay riesgo de secuelas destacables.

Le doy mi enhorabuena. Está curado.
Me queda una cosilla por tratar:
¿tiene usted un seguro, o similar,
que cubra el tratamiento dispensado?».

«Pues, no ―dijo el paciente―. No señora».
«¿Puede, acaso, pagar en efectivo?»,
le preguntó la monja, seriamente.

Y el hombre, de manera explicadora:
«Eso tampoco ―dijo―. Negativo,
pues no tengo ni un euro, francamente».

                            [III]

La ecónoma empezaba a impacientarse:
«¿Tal vez con cheque, o visa?», preguntó.
«Tampoco ¿Sor...?». «Leticia ―respondió
la monja, que intentaba no alterarse―.

»No tiene familiar, u otra persona
que pueda hacerse cargo de la cuenta?».
Y el paciente le dijo a la intendenta:
«Tengo una hermana monja, solterona.

No sé si atendería la factura».
Sor Leticia espetó: «¡No es solterona!,
por cuanto nuestro esposo, por ventura,

es el propio Señor, tan bien amado».
Y el hombre con sonrisa replicona:
«Pues que pague ―le dijo― mi “cuñado”».

jueves, 15 de febrero de 2018

DE UNO QUE DENUNCIA UN ADULTERIO


FAUSTINO (por el Santo del día), ENRIQUE (por su padrino), GERVASIO (por su abuelo) REDOLI BUENO
(1918 + 1997)

Hoy es el centenario del nacimiento de mi padre (de nuestro padre, de papá, del “yeye”). No hubiese dado por finalizado este memorable día, sin un pequeño homenaje a quien tuvo hijos y nietos propios y ajenos, amigos por doquier, y conocidos en todas partes.
Segoviano y castellano serio y respetado, reía de buena fe, y daba buenos y prudentes consejos si alguien se los pedía. Hombre sereno, digno de imitación y de talla inalcanzable, de quien, esta mañana, en mi estado del wasap, he anotado: “Buen hijo, buen marido, mejor padre”, haciéndome eco lo que de él pensaran mis abuelos, nuestra madre y mis hermanas y hermanos, que, en la casa común y, en su gran corazón, nueve fuimos.
Ahora, quiero recordarle con este chiste que me contara hace años y al que, con sus propias palabras, dichas en su momento: “Le has sacado buen partido”.


Un tipo denunció en el cuartelillo:
«Mi esposa está incurriendo en adulterio
en un lugar de citas poco serio
con un tipo delgado y morenillo».

El jefe policial que oyó la queja
le encomendó a un agente que llevara
al pobre demandante y que atrapara
en flagrante delito a la pareja.

Al salir los amantes del hotel,
el poli los escolta, porra en mano:
«Ésa no es mi mujer, ni el tío es él »,

le grita, corrigiéndole, el fulano:
Y contesta, indignado, el policía:
«¡Claro que no es la suya, esta es la mía!».



sábado, 20 de enero de 2018

UN VUELO ""LOW COST" A NUEVA YORK


La historieta que sigue es fruto de una ocurrencia familiar –por lo tanto, inédita hasta ahora–, surgida a raíz de una noticia televisiva en la que se anunciaba que las compañías aéreas de bajo coste estudiaban la posibilidad de cobrar un canon por el segundo bolso de mano que se llevara en vuelo.
En ese momento nos vino a la memoria la entrañable imagen de Heidi, quien en uno de los capítulos de la famosa serie de animación, se enfundaba toda la ropa de que disponía.
De ahí a hacer un chiste, relativamente fácil, no tardé mucho. Hacer el chisneto ha sido un poco más difícil. Dicho esto, y aprovechando que es Enero, mes de “cumples” y de onomásticas de amigos y familiares, quiero dedicarlo a Sebastián Fernández (mi tradicional proveedor de historias), a mi hija Isabel, a mi profesor y amigo Francisco Alijo, a Memé, mi querida madre política, al entrañable y santo Padre Tejera, a mi imbatible contrincante Isa Sala, al doctor don Joaquín Martín Bocanegra, médico de generaciones en nuestras familias, a mi sobrino Pablo(asiduo en mis dedicatorias), a mi hermana  Mari Paz y a su hija, mi sobrina, a mi compañero de fatigas académicas Antonio Miranda, a mi hijo Enrique, y a dos “hermanos” de nuestro “campito”, Manuel, “El Maúro” y Francisco Moreno, “Paquillo el nuestro”. Y, si acaso me  he olvidado a alguien de la lista, también va por él (o por ella).


Uno encuentra a un amigo, del que sabe,
que estuvo en Nueva York: «¿Qué tal, “viajante”?,
supongo que una estancia relajante».
«Pues estuvo peor de lo que cabe.

–le responde el amigo–. Fue un fracaso».
« ¿Y eso? –repregunta el anterior–.
¡Si todos hablan bien de Nueva York!*».
«No te digo que no, pero en mi caso...

En invierno, con cuatro bajo cero,
y en vuelos low cost (que son baratos),
por no pagar exceso de equipaje,

me puse el vestuario todo entero:
gorros, jerséis, dos pares de zapatos,
y, encima de la ropa, llevé un traje».

«¿Y, qué tiene que ver la indumentaria
con tu desilusión americana?»,
le pregunta el amigo, sorprendido.

«Que, estando en el control de la aduana
para pasar revista rutinaria
(según el protocolo establecido),

me tuve que quedar** todo en pelota.
Luego me revestí –aclaró el nota–,
porque no descubrieron cosa extraña.

Y, cuando todo al fin se hubo aclarado,
mi visado ya había caducado,
y, entonces, me largaron para España».

*   La K es “muda”

** Solecismo obligado por la medida

domingo, 7 de enero de 2018

UNO QUE QUERÍA BAILAR CON UNA NEGRA


Como saludo, en este nuevo año, me he permitido comenzar  con una curiosa historia, muy a tono con la tan manida, traída y llevaba “diversidad”. Hay que estar muy borracho…


A un tal que preguntó: «Negra, ¿bailamos?»,
la persona aludida dijo: «No»,
y con cuatro argumentos razonó
el porqué se negaba. Lo explicamos:

«Primero –dijo–, usted está borracho
(lo que a decir verdad era notorio).
Segundo, porque esto es un velorio,
y lloramos la muerte de un muchacho».

La tercera razón era de peso:
«No se baila; se canta “Ave María”;
la oración no se hizo para eso.

Y cuarto, y principal: A esa locura
de querer que yo baile, le diría
que no soy una negra: ¡Soy el cura!». 





domingo, 24 de diciembre de 2017

NOCHEBUENA Y LOS AUSENTES


     Que esta nueva Nochebuena
nos lleve hasta la niñez,
y nos acerque otra vez
a aquella entrañable cena,
cariñosa y familiar,
que solíamos tomar,
sin saber cuánta ilusión
ponían nuestros mayores
para darnos las mejores
sopas, viandas..., turrón.

Un recuerdo para aquellos
que se fueron, pero están,
y que, por siempre estarán,
en tantos momentos bellos
grabados en nuestras mentes.

     Que en la nueva Nochebuena,
sea la mejor “buena nueva”
la de tenerlos presentes.