viernes, 26 de abril de 2019



A finales de un abril que nos deja ante unas complicadas elecciones generales, alguien me pregunta sobre mi inclinación política en estos comicios. A modo (no en “modo”) de parábola, me permito responder: “Soy jubilado (no obrero), padre real, no putativo (p.p.); estoy a favor del género no marcado, no tengo voz (pero sí voto), y, además, me considero ciudadano español por encima de otras etiquetas”.
 Este “pseudo calembour”, puede no estar claro, como tampoco lo está que, en una semana de Pascua y de milagros, de fe y de gracias merecidas, que se salda con el Domingo de Misericordia, la voluntad divina venga a solucionar este problema patrio y doméstico.
Si no lo creéis leed esta historia.

EL MILAGRO DEL MISIONERO Y EL LEÓN
Apenas despuntada la mañana,
un viejo misionero, sin compaña,
prepara su morral en la cabaña
que tiene establecida en la sabana.

Con talante optimista y bonachón,
embolsa el material que ha preparado
para llegar al próximo poblado,
destino de su anónima misión.

Mas, justo cuando sale del chamizo,
aparece un león grande y macizo.
El misionero teme –es lo normal–,

y dirige a los cielos su plegaria:
«Infúndele, Señor, a este animal
los sentimientos propios de un cristiano».

Tras esto se persigna con la mano,
y, al momento, la bestia solitaria,
aquel fiero león, voraz y hambriento,

agacha la cabeza y se arrodilla.
Y dice por su boca ¡oh maravilla!:
«Bendice, Señor mío, este alimento...».


lunes, 18 de febrero de 2019

LA QUE TENÍA UN "SOPLO" EN LOS OVARIOS



Echadle imaginación, pues, por más que lo intento, no doy con nada (mediamente aceptable) que me permita —como suelo hacer— presentar el chisneto que sigue.

Eso sí, en cuanto a la dedicatoria, ningún problema: «A todos los oyentes de Las Mañanas Kiss, y —junto con mi afecto y agradecimiento—, al equipo que hace posible tan exitoso programa».

Después de visitar a su tocólogo,
una joven le cuenta a su mamá
–aprovechando la ausencia de papá–
lo que, al respecto, ha dicho el ginecólogo.

«Dice que tengo un soplo en los ovarios».
La madre, aunque inexperta en Medicina,
piensa que lo del soplo “no combina”,
pues los soplos, son daños coronarios.

«Eso no puede ser –dice turbada–.
Iremos las dos juntas al doctor».
Y se fueron las dos a la consulta.

«Doctor ―dijo la madre― sofocada–,
usted ha cometido un gran error
(que aquí donde me ve, no soy  inculta).

Hoy le ha dicho a mi hija que padece
un soplo en los ovarios. Me parece,
que lo del soplo aqueja al corazón».

«Señora, no es un soplo en los ovarios
—terció el doctor con mucha educación—,
y vuelvo a confirmar mi conclusión:
A su hija se la han “soplado” varios».







lunes, 31 de diciembre de 2018

BUSCANDO UN OASIS EN EL DESIERTO


Para terminar este 2018, y después de dos meses de inactividad
corsaria (que no poética) felicito el nuevo año, con esta historia
de procedencia anónima, que dedico a mis habituales oponentes
de Apalabrados, y a mis sufridores comunicantes de Wasap.
Gracias por conseguir que mi obligado retiro me resulte un poco
más placentero.


En busca de un oasis refrescante,
un joven de color, fuerte y curtido,
caminaba, cansado y decaído,
víctima de un calor extenuante.

En mitad, del desierto, el caminante,
encuentra un recipiente. Decidido
lo abre, y sale un genio recluido,
que, agradecido, dice enajenante:

«Tres deseos te otorgo. ¡Sé prudente!».
«Ser blanco –dice el joven–, y, además,
ver coños, y tener agua corriente».

«Todo cuanto has pedido lo tendrás»,
le dijo el genio, y, nada más se fue,
el buen negro se convirtió en bidé.

sábado, 20 de octubre de 2018

UN VIEJO MARXISTA EN EL INFIERNO




(Si echas algo en falta, añádelo; si sobra, quítalo. Va por ti, Ángel)
.
Ángel Velázquez, oponente de Apalabrados, contra el que juego desde hace un par de años, me envía el chiste original, remozado por él, y en el que su protagonista principal es un conocido personaje político.
Le digo que no suelo publicar chisnetos con ese sesgo, aunque caigo en la cuenta de que, al menos dos de ellos (De un perro que volvió de Rusia, y Un devoto franquista se moría) sí pudieran tenerlo. Actúo en puridad, me pongo a la tarea, y sale esto.


Un hombre luchador, viejo marxista,
falleció y derechito fue al Infierno,
donde fue condenado al fuego eterno,
por su larga carrera de activista.

Pasada una semana, al condenado
le dieron por misión una caldera,
con esta obligación: que la tuviera
funcionando con fuego moderado.

Tras una quincenita de agobiante
trabajo, con calores infernales,
el condenado y viejo militante

propició una gran  huelga de fogones,
exigiendo seis horas semanales,
aire acondicionado... ¡y vacaciones!

                        [II]

Lo cierto es que la huelga cabreó
a propio Satanás, quien, decidido,
llamó al Cielo a contar lo sucedido.
contactó con San Pedro y le pidió:

«¿San Pedro?, con el Jefe, por favor».
El apóstol lo hizo, y el Diablo
dijo: «Señor, discúlpame si hablo
con tono denunciante y delator;

pero entiende que todo esto me indigna.
Has mandado al Infierno a un activista
que esgrime como arma la consigna

de acabar con la norma establecida.
y ante su pretensión oportunista,
exijo solución a esta movida».

                        [III]

Una vez que hubo oído a Satanás,
Dios, le dio la razón y así le dijo:
«A ver qué puedo hacer con ese hijo...
(no le dijo de quién). Lo mandarás

aquí arriba, veré cómo tratarle.
El Diablo se fue, y le obedeció:
al llegar a Infierno, le envió
a quien amenazaba desbancarle.

Y todo se arregló. Pasado un tiempo,
Satanás llamó al Cielo, al vicediós,
a ver cómo acabó aquel contratiempo.

«Oye, San Pedro, pásame con Dios».
«Soy camarada Pedro. ¿Me entendiste?
Y no me hables de Dios. ¡Que Dios no existe!».



jueves, 11 de octubre de 2018

CONTROL DE ALCOHOLEMIA A UNA FAMILIA


Dos de mis cuñados cumplen años en estos días, Diego Gómez Cabrera, y Juan Sánchez Moral, a ellos dedico el siguiente chisneto, al que acompaña esta seudomoraleja:
Aunque el tiempo no acompañe, estas son fechas de puente, de viajes, y esparcimiento. Fechas que debemos disfrutar y no sufrir. La historia que sigue es un aviso a conductores y viajeros... Algún día tenía que ponerme serio (digo yo).


De regreso a su casa, tras salir
comidos y bebidos de una venta,
un conductor, su suegra, su parienta
y un niño, que tres años va a cumplir,

se dan con un control de carretera
(control de alcoholemia, tan frecuente).
Al ver que se le acerca un recio agente
el hombre se echa mano a la cartera,

extrae su carné de conducción,
y luego se lo entrega al policía.
Este dice, mostrando una boquilla:

«Por favor, sople usted con decisión.
Tome aire y, con toda su energía,
expúlselo. La cosa es muy sencilla».

                            [II]

El hombre, obedeciendo aquel mandato,
hace  lo que le dicen y... ¡aprobado!:
¡triplica lo legalmente aceptado!
Sin embargo protesta: «Ese aparato

no marca lo correcto: no he bebido.
Pruebe usted con mi suegra a ver que da».
El agente se presta. Así que va,
y acepta lo que el hombre le ha pedido.

Con la nueva boquilla, ya embutida:
«Sople», le dice el poli a la señora.
La suegra suelta el aire, y lo empeora:
¡cuatro veces la tasa permitida!

«No estoy de acuerdo ―dice el conductor―.
Que sople mi mujer. Sopla, cariño».
Y la mujer, después de hacer la prueba,

supera en su registro al anterior.
«Este trasto está mal. Que sople el niño»,
sugiere ahora el marido (cosa nueva).

El niño da lo mismo que dio el padre.
El agente supone que algo falla,
y le pide disculpas a aquel tío.

Continúan viaje, y, a la madre,
le dice su marido: «Vaya, vaya.
Por poco la cagamos, amor mío:

si no le doy al niño aquel chupito,
me llevan a la cárcel derechito».



sábado, 29 de septiembre de 2018

¡CÓMO SE COME EN ESTE RESTAURANTE!



Esta mañana, cuando felicitaba a mi querido amigo, compañero y valedor académico, el profesor García Peinado, le he largado, de rondón, un breve chiste con el que, como siempre, he conseguido sacarle una sonrisa.
Ahora, presentado con el ropaje formal del chisneto, me complazco en dedicárselo en este día de su onomástica. Como puedes ver, querido Miguel Ángel, me da tiempo a casi todo. Un fuerte abrazo.

Uno que viajaba con su coche
por una carretera infrecuentada,
decidió efectuar una parada
por cuanto se acercaba ya la noche.

“Es hora de cenar”, pensó animado;
por ello, se detuvo ante un hostal
ubicado en un cruce vecinal,
y sin ningún vehículo aparcado.

“¿Cómo se comerá en el restaurante?”,
se preguntó esta vez el viajero.
Y así, con decisión y buen talante,

le hizo la pregunta al camarero,
el cual le respondió desinhibido:
«Lo que voy a decirle es todo cierto;

juzgue por usted mismo, caballero:
Diez mil euros nos hemos ya "comido",
y tan solo hace un mes que hemos abierto».



viernes, 24 de agosto de 2018

EL HOMBRE CRÉDULO ENGAÑADO




     Con este calor, y la poca gracia que destilan las circunstancias políticas y vacacionales, recurro a una antigua historia de cuernos y "tolerancia", para no dejar sin chisneto este irrepetible agosto.

Un esposo, con fama de inocente,
que regresó a su casa antes de hora,
alertó, sin saberlo, a su señora
que estaba con su amante, ricamente.

La mujer, por respeto a su marido,
escondió a su galán en el ropero
y se puso a coser, al retortero,
con el fin de encubrir lo acaecido.

Y como el del armario iba desnudo,
el cándido marido –ya cabrón–
se encontró la sorpresa del cornudo:

camisa, camiseta, pantalón,
y el resto del ajuar de aquel bribón,
incluida corbata (sin el nudo).

               [II]  

El hombre preguntó a su compañera:
«¿Qué pinta tanta ropa en nuestro cuarto?».
Ella, que estaba al borde del infarto,
se inventó una respuesta marrullera:

«Este montón de ropa que hay aquí,
lo ha mandado esta tarde tu cuñada.
Al marido le queda un poco holgada
y la estoy arreglando para ti».

«¿Y este reloj de acero inoxidable?»,
Le preguntó el marido a su costilla.
«Me ha salido en un vale canjeable

por comprar una nueva mantequilla.
–Y añadió con un tono zalamero–.
Y, por ti, lo escogí de caballero».

                [III]

El hombre, convencido se quedó.
Y, así, tras despojarse de su ropa,
se fue todo derecho al guardarropa,
tiró de las dos puertas y lo abrió.

Y encontró al pelotari allí escondido,
agarrado a la barra, fuertemente.
«¿Qué hace usted en mi armario, so indecente?»,
le preguntó entre bobo y sorprendido.

«Si creyó cuanto dijo su señora,
usted es como cuenta el vecindario
–le replicó, a su vez, el concubino–.

Ciérreme ya las puertas sin demora
que esto es un ascensor, y no un armario,
y yo voy para el sexto. ¡Adiós, vecino!».