jueves, 2 de enero de 2014
NANA PARA MI HIJA ISABEL
Hoy es el cumpleaños de mi hija mayor, Isabel, y, amén de la felicitación al uso que le desearé dentro de un rato cuando nos reunamos a comer con el resto de mis hijos, quiero traer aquí una letrilla muy simple que yo solía cantarle, a modo de nana, cuando ella era tan tierna como ahora, pero menos crecida.
"Duérmete,
pedacito de cielo,
de amor y de fe.
Duérmete,
que en tus sueños
te espera el Señor, Isabel.
Duérmete,
cada noche te digo
lo mismo, mi bien.
Duérmete, duérmete, duérmete..."
lunes, 23 de diciembre de 2013
Una antigua alumna de la Facultad, Oana, me manda un mensaje de felicitación desde Francia. Al tiempo que le deseo lo mejor en su nueva andadura profesional, le dedico este chisneto, junto con mi felicitación de Navidad, extensiva a cuantos me leéis y me ofrecéis vuestro apoyo y amistad sin intereses.
Vale. ¡Feliz Navidad! (y ojito con el pollo).
Vale. ¡Feliz Navidad! (y ojito con el pollo).
EL QUE SABÍA EL ORIGEN DE LOS POLLOS
[I]
Un restaurante nuevo y bien montado
prosperó por la
idea original
de anunciar de
manera habitual:
Pollos de cualquier granja del Estado.
Un tipo pecosillo y
remilgado,
experto en pollos y
aves de corral,
entró para comer en
el hostal
y ver si era verdad
lo divulgado.
Sentóse en una mesa
retirada
y, en cuanto se
acercó el buen camarero:
“Nada de carta
—dijo el pinturero—,
me va a servir un
pollo de Igualada…
Pero tráigalo crudo
y todo entero;
quiero ver si es
correcta la nidada”.
[II]
El probo camarero,
aunque se extraña
al oír que le piden
pollo crudo,
no pierde la mesura
y, aun gestudo,
lo canta al
cocinero de esta maña:
“Marchándome un
pollito de Igualada,
ni asado, ni al
ajillo, ni en salsita,
lo quiero casi vivo
y con crestita,
entero y en
porretas. ¡Casi nada!”
El que está en la cocina
toma nota
y saca de una caja
un pollo entero.
“Aquí lo tienes,
muerto y en pelota
—le dice con
guasita al camarero—;
a ver si se le
ofrece al caballero
que se lo sirva al
horno en papillota”.
[III]
El camarero coge el
encarguito
y lo lleva solícito
al cliente:
“Su pollo,
caballero. Estoy pendiente
de si lo quiere,
asado, en salsa, frito”.
“Aguarde, camarero,
un momentito
que compruebe el
origen del paciente”.
Dicho esto,
introduce, suavemente,
el dedo en el
trasero del pollito.
“Camarero, este
pollo es de Vallecas,
lo noto por el
tacto del trasero,
y yo he pedido un
pollo de Igualada”.
“Pues vaya con el listo de las pecas.
A ver qué dice
ahora el cocinero
del origen del
pollo y la pollada”.
[IV]
El jefe de cocina, mosqueado,
verifica el origen
de aquel pollo:
Procedencia Vallecas. “¡Vaya
rollo!
¿Será casualidad
que haya acertado?”
Después le sirven
otro; y otro..., y nada.
El pecas
acertó la procedencia
valiéndose del dedo
como ciencia:
“Es pollo de Jaén,
de Ponferrada…”.
Un cliente borracho
y compungido,
testigo del asunto
del pollito,
le dijo,
balbuciente, al entendido:
“Llevo tres días
ya, señor perito,
sin saber dónde
vivo. ¡Me he perdido!
¿Podría usted
probar con el dedito?”
viernes, 29 de noviembre de 2013
Finaliza noviembre y caigo en la cuenta de que solo he publicado una historia a lo largo del mes, aunque, en realidad, no haya estado ocioso todo este tiempo. De hecho, el pasado viernes -hace hoy una semana- fui invitado por los responsables de Amaduma a dar una charla-conferencia ('De la ocurrencia al chiste literario') en la sede cultural de Cajamar, en Málaga, y tuve ocasión de contar unos veinte chisnetos... Recurro al que puso el colofón al evento, 'La paja flamenca', y con él os deseo una feliz entrada en diciembre.
Quiero dedicarlo a los Subires Jiménez, amigos, asiduos lectores, y mis proveedores oficiales de materiales de construcción. Sin propaganda barata: sus precios son inigualables, y su educación y trato son dignos de imitación. Un fuerte abrazo.
Quiero dedicarlo a los Subires Jiménez, amigos, asiduos lectores, y mis proveedores oficiales de materiales de construcción. Sin propaganda barata: sus precios son inigualables, y su educación y trato son dignos de imitación. Un fuerte abrazo.
UNA PAJA FLAMENCA
Acudió a un lupanar un catetillo
preguntando por precios en vigor.
La madam,
vieja experta en el amor,
le leyó la tarifa al muchachillo:
“El turco son setenta, cien el griego;
el francés también cien, si no es
completo...”
No la dejó acabar aquel cateto:
“Verá usted, doña puta, yo soy lego
en esto de venir al puterío,
y he traído tres euros. ¿Cree usté
que con eso podré mover la penca?”.
“Por esa cantidad, cariño mío,
tenemos un servicio muy calé.
Le llamamos aquí ‘paja flamenca’.
El nota, ante la oferta tentadora,
decidió consultar el requisito,
así que preguntó sin titubeo:
“Y en qué consiste el número, señora?”.
La puta se explicó: “Sacas el pito,
te lo cascas tú solo, y... yo palmeo”.
lunes, 11 de noviembre de 2013
Ahí va el primer chisneto del mes. Hoy, una de las festividades de San Martín de Tours (el de "a cada guarro le llega su sanmartín", se cumplen diez años de mi primera presentación a rector de la Universidad de Málaga. Desde entonces ha llovido (poco o mucho, según se vea) y ha escampado como siempre; y, como siempre, a pesar de los ruegos y sugerencias elevados a la Instancia correspondiente, el acceso al despacho que ocupo sigue siendo inapropiado para minusválidos y minusválidas ("sacré" epiceno).
La historieta me la cuenta mi hijo Guillermo, y la paso al verso sobre la marcha; pero, en esa mezcolanza escatológica, mi subconsciente recuerda otro dicho popular: "El/la que nace lechón/lechona muere cochino/cochina)". A buen entendedor/a...
DOS
MOSCAS COMIENDO…
Dos moscas de linaje campesino
que vuelan sobre un campo defecado
aprueban indagar lo estercolado
empleando su olfato agudo y fino.
Tras dar el visto bueno a lo encontrado,
deciden hacer alto en su camino,
y darse un buen festín, con tanto tino,
como nunca jamás se hubieron dado.
“¿Quieres
oír un chiste muy gracioso
—dice una—
que me contó un pariente?
Se trata
de dos moscas discutiendo…”
La otra, con un gesto riguroso,
advierte a la cuentista seriamente:
“Si es algo
guarro, no ¡que estoy comiendo!”
sábado, 19 de octubre de 2013
Esta es la número cuarenta de las historias que vengo publicando en mi blog desde hace ya un año. El tema catalán, de rabiosa actualidad, propicia este chisneto. Lo redacto en color rosado, en honor a la solidaria celebración del día de hoy. Un abrazo y ¡animo a todas!
EL CATALÁN QUE SE QUEDÓ VIUDO
Un
catalán, viudo muy reciente,
decidió
publicar tan triste hecho,
y al
diario local se fue derecho
a poner el anuncio pertinente.
«¿Ha pensado la frase, caballero?»,
pregunta
quien se encarga del asunto.
Dice
el otro: “Maruja muerta”. Punto.»
El
nota de la prensa encuentra un pero:
«El mínimo de texto publicable
es de
cinco palabras; faltan tres.»
El
catalán, a fuer de razonable,
y,
aunque, en su situación, raya el estrés,
dice:
«Entonces cambiémosla por
esta:
Marujita murió. Vendo Ford Fiesta”.»
sábado, 28 de septiembre de 2013
Se acaba el mes y, entre males, dolores y desgana, se me ha ido el santo al Cielo. Bueno, rebuscando en el baúl de los chisnetos, aparece esta historia que Rociíto Carrasco le contó a mi hija Isabel...
TRES GITANOS QUE ENCUENTRAN UN
TRICORNIO
Tres gitanos que vagan por un prado
gozando de la vida,
sabiamente,
encuentran en el
suelo, de repente,
un sombrero
tricornio en buen estado.
Sin saber qué es
aquello, ni su uso,
los tres calés opinan al respecto.
Dice un gitano en
andaluz correcto:
“Ejto ez un oriná, hoy en dezuzo”.
“Lo mijmo ej una bota pa zerveza”,
corrige su
compadre, “el Cantarranas”.
Y el otro se lo
pone en la cabeza:
“No ze zi pa zerveza o pa meá;
pero con ejto puejto m’entran gana
de daroj una leche bien pegá”.
jueves, 12 de septiembre de 2013
LA MUJER QUE TUVO UN BELLO SUEÑO
A la memoria de Marisa Naveiro
Santander,
de quien procede el chiste original.
LA MUJER QUE TUVO UN BELLO SUEÑO
Nada más
despertarse, una mañana,
la
esposa le contaba a su marido
el
sueño que esa noche había tenido,
y
del que despertó de mala gana:
“Estaba
en unos grandes almacenes;
echaba
simplemente una ojeada,
cuando
entré en una tienda dedicada
a
la venta de tíos como trenes.
Chicos
guapos —más rubios que morenos—,
de
atrayente mirar que prometía...”.
El
marido pregunta: “Dime; al menos,
machotes
como yo también habría”.
Y
dice la mujer: “Casualidades;
quedaba
uno en "Oportunidades" ”.
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