viernes, 19 de mayo de 2017

¿DE QUÉ SE RÍE LA HIENA?

 Desde el comienzo de esta andadura poético humorística, los chistes de mi amigo y compañero de profesión, Sebastián Fernández, han suministrado un material esencial para la creación de muchos de mis chisnetos. Es cierto que en los orígenes de este blog, no contemplé la posibilidad de acreditar el origen del chiste y de su contador, pero, con el paso del tiempo, he optado por hacerlo público, y añadir, además, de vez en cuando, alguna dedicatoria.

          Sebastián se recupera ahora de una intervención quirúrgica. En estos momentos, me parece más que razonable y oportuno dedicarle esta historia que tan magistralmente cuenta, y dedicársela a él, y a cuantos le queremos (que no somos pocos) y, cómo no, a Ana, su abnegada mujer, quien, llegado el caso, podría contar los chistes de Sebastián, casi de memoria.


Toca Naturaleza, y en la clase,
la seño se dispone a hablar de un tema
que domina, sin duda y sin problema,
por cuanto sabe, y tiene buena base:

«Os hablaré de un animal necrófago;
su hábitat salvaje es la sabana,
vive de noche, duerme de mañana;
le podemos llamar también coprófago».

Un niño alza la mano y le pregunta:
«Necrófago y coprófago ¿qué es?».
La seño, que ya daba por presunta

la pregunta en cuestión, responde:«Pues,
que su dieta vital de nutrición
es a base de carne en corrupción».

                          [II] 
Tras una corta pausa, se reanuda
la atrayente y jugosa explicación
que la docente expone en su lección,
despejando cualquier tipo de duda.

«Otro dato curioso de la hiena,
y que, en eso, la hace original,
es que tiene una cópula anual:
una cópula al año, en luna llena».

El mismo atento alumno de hace poco,
levanta, una vez más, su infantil mano
y dice: «Copular..., eso tampoco

sé lo que significa en castellano».
Y la profe sonríe al aclarar:
«Es buscar descendencia, procrear».

                          [III] 
La pregunta ha quedado respondida,
y la seño reanuda su oratoria.
»Hay otra cosa, que es también notoria,
por curiosa y por poco conocida:

la risa de la hiena es recurrente,
se le llama sarcástica a esa risa».
El mismo alumno, entonces se da prisa
en levantar la mano. Y la docente:

»Sé muy bien lo que vas a preguntar:
‘sarcástica’...». Y dice el niño «No,
no seño, solo es por aclarar:

Si se come la mierda que encontró,
y en el año, una vez puede follar,
¿de qué se ríe el bicho, digo yo?».


domingo, 23 de abril de 2017

TRES VEJETES HABLANDO DE SUS COSAS




Se sientan en un banco a descansar
tres ancianos, que en charla intrascendente,
comentan un asunto recurrente
que ocupa a cada cual, al despertar:

«Me levanto a las siete y, ¿qué os diría?...
con ganas de orinar, pero nanay.
Y así me paso el tiempo, pues no hay
manera de que orine en todo el día».

«Yo despierto a las ocho, y tengo ochenta
–aclara contundente otro vejete–.
Intento ir a cagar, y no hay manera».

Y el tercero, que tiene ya noventa:
«Orino cada día hacia las siete.
Mi vientre hacia las ocho, se libera;

– y añade–. Y eso sí, también es cierto,
que en cuanto dan las nueve, me despierto». 


viernes, 14 de abril de 2017

VIERNES SANTO


                       (A mi hermana Lucía)

       El Viernes Santo es el día del año que mejor representa el simbolismo que encierra la cruz para un cristiano. Y es que, varios siglos después de la cruenta muerte de un hombre justo, un nuevo símbolo se abrió paso y se impuso a otros ya existentes (el cordero, la barca, el pez...), para convertirse en la enseña de una religión que predica el amor al prójimo, que propugna prescindir de lo superfluo, que aconseja poner la otra mejilla cuando te golpean la primera y, sobre todo, que manda perdonar a quienes nos ofenden.

         Por ello (y a pesar de que, desde el punto de vista de una evaluación cristiana, mi calificación final como creyente, solo rozaría el cinco), ensalzo la Cruz (el madero, si se quiere) y lo que ello representa, publicando este soneto que se inspira en los textos evangélicos y en mi experiencia creativa, al tiempo que vengo en perdonar a quien me ofendió: el personaje televisivo que, en una cadena nacional, comparaba a la Cruz con la mismísima mierda (sic).


Al verte, Señor mío, en el madero
clavado, desgarrado, malherido,
transido de dolor, y escarnecido,
mi cuerpo se estremece todo entero.

Ni el animal llevado al matadero,
sufre muerte tan cruel. Desfallecido,
lanzas al aire un último gemido,
que no escucha el gentío vocinglero.

Irrumpen las tinieblas fantasmales:
el pánico homicida se desborda,
despiertan los estruendos celestiales.

Y alguien grita en la turba, tras tu muerte:
 «!Era el hijo de Dios¡». Y esa voz sorda,
despierta a Dios, que acude a recogerte.





viernes, 7 de abril de 2017

UN JOVEN NEGRO QUE BUSCABA AGUA




   A José Mari Fernández, en Oviedo, compañero y amigo, estudioso y biógrafo del “Baron de Bidet”, con mi perenne agradecimiento.


En busca de un oasis confortante,
un joven de color, fuerte y curtido,
caminaba, cansado y decaído
por culpa de un calor extenuante.

En mitad, del desierto, el caminante,
encuentra un recipiente. Decidido
lo abre, y sale un genio recluido,
que, agradecido, dice terminante:

«Tres deseos te otorgo . Se prudente».
«Ser blanco –dice el joven–, y, además,
ver coños, y tener agua corriente».

«Todo cuanto has pedido lo tendrás»,
dijo el genio, y, nada más se fue,
se convirtió aquel negro en un bidé.


lunes, 3 de abril de 2017

UNA ESPAÑOLA MUERE EN TIERRA SANTA


      Hace unos días, mi hija Laura me envió la historia que da pie a este chisneto. Aprovecho que hoy es su cumpleaños para dedicárselo, con todo mi cariño, y desearle que pase un maravilloso día.


Estando de visita en Tierra Santa,
un español perdió a su fiel esposa,
cristiana de verdad, mujer piadosa,
cuyo nombre de pila era Crisanta.

El de la funeraria dijo al hombre:
«Repatriarla cuesta unos diez mil,
mas, si la entierra aquí, tan solo mil».
Y, por mucho que a todos nos asombre,

nuestro paisano dijo: «Me la llevo;
pagaré los diez mil. Firmaré el trato».
Y aquel judío, sabio por longevo:
«¿Por qué? —le dijo—; es mucho más barato

dejarla en Tierra Santa, señor mío».
Y el español, amable, decidió
razonar el porqué de su albedrío:

«Enterraron aquí, hace ya tiempo,
a uno que, en tres días, revivió.
Prefiero no arriesgarme a un contratiempo».





domingo, 26 de marzo de 2017

EL BORRACHO QUE QUISO COMULGAR


  
Mamado, como uva de lagar,
un feligrés sentado, que oye misa,
se levanta de pronto a toda prisa,
y se va hacia la cola, a comulgar.

Cuando el borracho llega hasta el altar,
ante una situación tan improvisa,
el cura, con histriónica sonrisa,
le invita a dar la vuelta y renunciar.

Y el nota le obedece, pero poco,
porque se da la vuelta y se hace el soca [ * ]
“Además de bebido, este está loco”,

piensa el cura que ve que se coloca
otra vez en el fondo de la cola,
y se forma una enorme batahola.

                          [II]
El cura se lo toma a su manera
y dice terminante al monaguillo:
«Vete a la sacristía, Manolillo,
y trae de mi mesa una polvera

que se dejó olvidada una ramera
que vino a confesarse un pecadillo.
Date prisa porque ese mamoncillo
se acerca hacia la parte delantera».

Cumplió con el recado el asistente.
Sacó el cura la borla de la caja,
y la metió en la boca del mamado.

El borracho la cata tenazmente.
Después, entrecortado y voz tartaja,
pregunta al sacerdote. «¿Qué me ha dado?».

«Pues el Cuerpo de Cristo; es evidente».
Y entonces masculló el dipsomaniaco:
«Pos, padre, ma tocao to er  sobaco».

[ * ] Frase del día: Hacerse el soca (Hacerse el loco)



viernes, 10 de marzo de 2017

RESTAURANTE LAS REJAS EN BOLONIA


         Hace unos años, la Asociación universitaria Amaduma me incluyó en su ciclo de conferencias, que, a lo largo de cada curso académico, y con tan buen acierto, ofrece a sus socios y simpatizantes.
         No era la primera vez que aceptaba una invitación de ese tipo, y, con el mismo cariño e interés que en las anteriores, preparé algo ameno para contar a un público compuesto por exalumnos, familiares y amigos.
          El contenido de la conferencia (“De la ocurrencia, al chiste literario”) pretendía justificar las dificultades que entrañaba (y entraña) la puesta en escena “literaria” de una ocurrencia, cuando se quiere presentar bajo el ropaje de un chisneto.
         Hasta ahí todo normal; pero, en la fecha señalada para ese mes de noviembre, yo no me encontraba muy bien. Con esas “herramientas”, la que podía haber sido una simpática velada, quedó reducida a la exposición de una serie de apuntes, memorizados al azar, y encorsetados por unas ganas locas de salir de una situación que, por momentos se me hacia inacabable.
         Ahora, ofrezco y dedico a aquel público este chisneto que, como conté en mi intervención, parte de unos hechos originales, acaecidos en el establecimiento que da título a la historia.

Fuimos a Baelo Claudia de visita,
la antigua y ancestral villa romana,
a orillas de la playa gaditana
de Bolonia, que estaba movidita.

Decidimos comer, posteriormente,
en un buen restaurante, conocido
por sus típicos platos, y regido
por un profesional, muy buena gente.

Habría que decir que el personal
era concomitante con el dueño:
simpático, agradable, servicial...

En un día de arena y temporal,
el sitio se quedaba algo pequeño
por cuanto no faltaba comensal.

                          [II]
Repasada la carta que nos dieron,
preguntamos por tapas y raciones:
contenido, recetas y porciones,
y algunas dudas más que nos surgieron.

«¿En las medias raciones ponen mucho?»,
pregunté, por saber cómo pedir,
al muchacho que le toco servir,
un camarero joven, pero ducho.

Nos respondió que mucho no ponían,
porque de lo contrario perderían,
y no estaba la cosa para esto.

Ante tanta franqueza y claridad,
confiamos en él, y por supuesto,
le pedimos una especialidad:

                          [III]
El atún en manteca ¡plato fino!
Yo lo prescribiría en cualquier dieta.
El muchacho nos dijo una receta
que incluía manteca, algo de vino,

sal al gusto, romero y estragón,
y añadió que lo hacía un musulmán
que tenían de chef, aunque el Corán
prohíba, la “bebida” y el jamón.

«El cocinero –dijo– no lo prueba;
pero tiene cogido ya el tranquillo
y, en verdad, que le sale de primera».

Tras aprender una receta nueva,
decidimos probar “el atuncillo”,
y, así, poder contarlo donde fuera.

                          [IV]
No habría que decir que consumimos
el tan famoso y delicado plato,
y pasamos un delicioso rato
comentando lo a gusto que estuvimos.

En el momento de la dolorosa,
el mismo camarero tan amable
nos dejó, en una nota indescifrable,
el precio de comida tan sabrosa.

Chocado por la insólita escritura,
en un pronto, no falto de evidencia,
le pregunté al chaval, si por ventura,

era el moro el que hacía la factura,
a lo cual respondió con la ocurrencia:
«No señor, él no lleva la intendencia».

                          [V]
«Entonces, si no es él ¿quien las escribe?
Si parecen fideos con rosquillas.
Sin duda, que estas letras son “morillas»,
aventuré, cual hábil detective.

Y contestó el muchacho, con soltura:
«El trabajo en la zona está tan mal,
que el médico del pueblo vecinal,
nos echa una manilla, y él factura.

No es usted, ni será nunca el primero
en decir que entenderla es complicado.
Ni siquiera un experto la adivina.

De hecho algún cliente chacotero,
en vez del dinerillo acostumbrado,
deja un cuaderno Rubio de propina».