domingo, 3 de abril de 2016
UN ATESTADO DESPUÉS DE UN ACCIDENTE
Querida Laura, en el día de tu cuarenta aniversario, quiero felicitarte con este chisneto que escribí hace tiempo, justo cuando cumpliste los veinte. ¡Cómo pasa el tiempo! Un beso muy grande. Papá.
UN ATESTADO DESPUÉS DEL ACCIDENTE
Dos polis —un sargento y un novicio—
se encuentran levantando un atestado
de un trágico accidente que ha costado
la vida a un vagabundo sin oficio.
El nuevo va anotando todo indicio
que pueda esclarecer lo que ha pasado.
Su superior le dicta apresurado
los datos inherentes al servicio:
“Pierna izquierda en mitad de la calzada;
tronco y brazos metidos en un bache;
cabeza, degollada en el arcén...”.
“Mi sargento, ¿se escribe arcén con hache?”
—pregunta, de manera inesperada,
el nuevo, que lo quiere hacer muy bien.
Y el jefe, propinando un patadón
a la suelta cabeza que, en pirueta,
va a caer al cercano canalón,
con voz autoritaria y diligente:
“Suprime lo de arcén y pon cuneta”,
le espeta por respuesta al buen agente.
domingo, 10 de enero de 2016
TURANDOT
Ha pasado casi un año desde que
publiqué mi último chisneto en este blog. Un año en el que he sufrido una
tercera operación de rodilla, he sido abuelo por octava vez, y en el que, desde
primeros de octubre, he pasado a engrosar la lista de jubilados de este
variopinto país.
Ha sido un año en el que he descubierto
un nuevo entretenimiento, bueno para el ejercicio mental y lingüístico: desde
septiembre pasado compito contra múltiples usuarios de la aplicación Apalabrados, gracias a la cual he tenido ocasión de intercambiar mensajes con
algunos de ellos: Rocío (de Bilbao), Ramón (el primero en descubrir mi
verdadero alias; y en ganarme), Adela (durísima) Elisa, Enri, Nora, “08” , Pilo, Jose, Mihaela (la
más reciente), y muchos otros oponentes, entre los que incluyo a conocidos y
familiares. A todos ellos quiero dedicar esta historia que sigue y que, a pesar
de que tenga ya algunos años, viene a cuento por cuanto, esta mañana, he oído
en Radio Nacional, que se suspende la representación de la ópera Turandot, por una sinusitis del tenor protagonista.
En ese momento he recordado la que tuvo
lugar en el Teatro Cervantes de Málaga, y que en “un alarde de cultura”, y,
previa participación en un sorteo de entradas, se ofreció en exclusiva a
nuestra Comunidad universitaria. Lo que sigue es el relato fehaciente del
desarrollo y posteriores secuelas de aquella representación.
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TURANDOT
(La historia)
[I]
Nos tocó en el sorteo de la UMA
dos entradas del alto “gallinero”
–fila dos, uno y tres, piso tercero–
para ver Turandot. Cojo la pluma:
“La china Turandot era una gorda
(especie de Garrido en plan reinona),
con su melena larga y cara mona
que en cuestiones de amor, se hacía la
sorda.
Cortaba la cabeza del osado
cortejador, galán, o pretendiente
que no sabía el quid de un acertijo.
El último en sufrir el afeitado
fue un príncipe iraní, rico y pudiente,
de aspecto desnutrido, y muy canijo.
[II]
Un día llega él (Calaf de nombre),
hijo de un rey proscrito, un tal Timur,
que acierta de corrido el calambur
y queda finalista el bravo hombre.
(es decir, TURANDOT) eran el quid.
Mas, la china le dice al adalid
que no quiere casorio su persona.
El héroe propone a la princesa
que, a su vez, ella acierte otra charada,
y, así, la librará de su promesa.
La infanzona le canta, cual jilguero,
la historia de su abuela, abandonada
y “ajada” por un príncipe extranjero.
[III]
Y el pueblo de Pekín halló su horma,
pues, tuvo que pasar la noche en vela,
por culpa de la nieta y de su abuela,
mientras Calaf cantaba el Nessun dorma.
Al final, el galán le dio una pista
y la altiva princesa lo acertó:
“AMOR” –dijo la china– y se rindió
ante el bravo y ferviente finalista.
El nota la besó y, en un momento,
se le pasó el berrinche al “elemento”.
Para mí, que él estaba del “cacumen”
pues la infanta, tan recia y tan
gordilla,
parecía un tonel. Bien; en resumen:
la función se nos hizo pesadilla.
TURANDOT
(Las localidades)
[I]
Señor Rodríguez (Pedro), Director
General de Cultura de esta Casa,
Quisiera agradecerle –no sin guasa–
los pases (dos entradas de favor)
que envió, dirigidos a mi esposa,
para ver una ópera afamada;
hablo de Turandot,
la inacabada
obra del gran Puccini. Deliciosa
pudo ser la sesión, mas..., ¡suerte mía!
nos tocaron dos sillas en las nubes,
entiéndase, más bien: de gallinero,
paraíso, azotea o
gradería,
pues tienes que subir, subes y subes...,
y paras cuando llegas al tercero.
[II]
Estar toda la noche en una silla
tan dura, sin respaldo y sin cojín,
no lo aguanta ni el pueblo de Pekín
por mucho que aguantara a la gordilla.
Maite López Beltrán sufrió lo mismo
(pues compartió la silla colindante),
y hablamos y rajamos del feriante
que nos hizo aprender contorsionismo.
Sufrí de cervicales y almorranas
y pasé en un escorzo la función,
y, aunque ya tengo el culo como nuevo,
y todas las costillas casi sanas,
me queda descontento y desazón,
pues,
un poquito más y pongo un huevo.”
jueves, 22 de enero de 2015
UN CURA MUY MODERNO CONFESABA
Tras un fin de año pesaroso, a la entrada de uno nuevo que promete, vuelvo con ánimo renovado a publicar un viejo chisneto muy al día, que dedico a mi sobrino
Pablo, quien hoy cumple veintinueve añitos. Él, como experto informático, sabrá juzgar "profesionalmente" esta historieta. !Felicidades, Pablito¡
Y
!Feliz año a todos¡
Queriendo
hacer moderna a su parroquia,
un cura recurrió al ordenador
y en su confesionario, el confesor
puso un pentium
3000 (de marca Nokia).
Con un programa ad
hoc introducía
la faltilla o pecado confesado.
Pulsaba un par de teclas..., y arreglado:
la justa penitencia aparecía.
Ganó con ello mucha clientela,
pues, siendo aquel un método eficiente,
aséptico, imparcial e irrefutable
(amén de que se ahorraba en tiempo tela),
incluso el pecador más reticente
encontraba el sistema muy fiable.
Un buen día acudió
una penitente;
una joven, un tanto compungida
por una leve falta cometida
a medias con su novio o pretendiente.
“Mi novio -dijo aquella muchachita-
me llevó a un descampado con su coche
y a oscuras, y al amparo de la noche,
consiguió introducirme la puntita.
¡Tan solo la puntita; no hubo cama!”
El cura tecleo en el aparato:
Tan solo la puntita...,
y el programa
no pudo procesar tan simple dato.
De nuevo el sacerdote lo intentó,
y otra vez el PC se le negó.
En vista de que aquello no salía,
y,
tras soltar un “¡vaya!” en voz muy alta,
el cura,
discurrió: “Anda, hija mía,
ve
a buscar a tu novio con urgencia
y
dile que te meta lo que falta
a ver si sale así la
penitencia”.
lunes, 8 de diciembre de 2014
PARQUE DE
MÁLAGA
(a Baltasar Ramos Maldonado,
mi amigo Balti)
Cuando
tenía entre diez y doce años, solía ir cada domingo con mi amigo Balti a pasear
por Gibralfaro, por el puerto, o por el parque.
Piñas
secas, cangrejos mutilados y rosas ajadas representaban, las más de las veces,
el fruto de aquellos paseos por entre los pinares de la vieja fortaleza, los
muelles del tranquilo puerto, o el abierto jardín con cientos de especies
vegetales que, en los días de estío, nos obsequiaba con una reposada sombra, o
con un relente húmedo y salado.
Un
día de diciembre, cercana ya la noche, Balti y yo nos atrevimos a cortar de un
rosal de los jardines de don Pedro Luis Alonso, dos rosas de pasión. Tras una
larguísima carrera en la que pensábamos que nos perseguían todos los guardas
del parque, llegamos, sin parar, hasta el Puente de la Aurora, el que dividía
la ciudad en burguesa y proletaria.
Allí,
a unos cien metros de nuestras casas, dejamos de correr y nos confiamos el uno
al otro la intención de aquel hurto: habíamos conseguido nuestra flor como
regalo en el día de la madre, por
aquel entonces, la festividad de la Inmaculada Concepción.
Quiero devolverte ahora, querido parque,
amigo desde mi infancia, el préstamo que me hicieras hace ya muchos años, y
quiero hacerlo con este poema que, a modo de flor deshojada, lanzo al viento
para que sus palabras inunden cada rincón de tu centenario recinto que tantos
secretos conoce de cada uno de nosotros.
PARQUE
DE MÁLAGA
Parque de mil especies delicadas
Aclimatadas a un fecundo suelo
Regado por el hombre y por un cielo
Que cuidan de tus flores perfumadas.
Ufano bosquecillo que atemperas,
En los días de cálido verano,
Dulce, la brisa ardiente del solano
Exhalando fragancias placenteras.
Mientras granan en plácida espesura
Álamos, yucas, verdes limoneros,
La tarde te adormece en corto sueño.
A un tiempo, con sus trinos de dulzura,
Gorjean, entre rosas, los jilgueros.
Así eres tú, mi parque malagueño.
Ricardo
Redoli Morales
lunes, 17 de noviembre de 2014
UN TUERTO QUE TENÍA POR COSTUMBRE
En este,
uno de los primeros chisnetos que escribí, he cambiado un par de palabras; pero
la historia sigue siendo la misma. Sed tolerantes...
Un
tuerto que se había acostumbrado
a
poner su ojo falso en un vasito,
se
despertó una noche ‘sudandito’
y
bebióse agua y ojo, despistado.
Sin
darle al hecho aquel más importancia,
ni
pensar en hacer economía,
compróse
un ojo nuevo al otro día,
pues
el ojo, en cuestión, daba prestancia.
Sin
embargo, y durante una semana,
se
encontró muy doliente y estreñido,
por
ello decidió —muy a desgana—
acudir
a un galeno conocido.
El
médico examina a su paciente
y
mira por la puerta del trasero;
al
cabo, diagnostica doctamente:
“No
quisiera asustarle, caballero,
pero
dentro del culo tiene gente”.
viernes, 31 de octubre de 2014
CERVANTES ENTRE "CALLES"
Hoy es la
onomástica de mi amigo y colega, el profesor de la Universidad de Málaga, Quintín
Calle Carabias, filólogo y humanista presente en muchos de mis trabajos, tanto en
los “serios” como en los lúdicos. La historieta que sigue, le tiene como
protagonista, junto con otro querido amigo y compañero —hoy en “júbilo”—, el
también profesor, José de la Calle Martín, de quien soy deudor en materia
literaria.
Con
este soneto, honro a dos grandes castellanos, en agradecimiento por sus pertinentes
consejos.
Ha poco, presencié entre compañeros
—en torno a
la respuesta pertinente—
la riña
dialéctica siguiente:
¿Son sandios
o sandíos los paveros?[1]
Citando al
gran Cervantes, en sus fueros,
—no citó a
Don Quijote por demente—
el uno
sostenía vivamente,
razones en
favor de los primeros.
Tratándose
de "Calles"[2]
yo pensaba
que en
"equis"[3]
terminara la disputa;
mas, hete
aquí, que el uno disentía.
El otro,
que, en sus trece, no otorgaba,
zanjó, con
sobriedad y voz enjuta:
"Sandío
es el marido de sandía".
martes, 30 de septiembre de 2014
AL QUE LE HICIERON UN TRAJE A MEDIDA
A mi querido amigo, compañero y valedor, el profesor García Peinado quien, afortunadamente, para la ciencia filológica y traductoria, "aunque se va, no se va".
[I]
Un sastre, que empezaba en el oficio,
instalóse en un
barrio conocido
haciéndose anunciar
—como es debido—
con precio
razonable y buen servicio.
Montó una sastrería
bien surtida
y se sentó a
esperar a un parroquiano.
Al poco, presentóse
un primo hermano
queriendo hacerse
un traje a la medida.
Si el sastre le
midió con cartabón,
con metro de
albañil o con regleta,
si el nota lo midió
de abajo arriba,
no lo sabremos
nunca: el pantalón
colgaba medio
metro, y la chaqueta,
con mangas
desiguales, le hacía giba.
[II]
Cuando
se vio en el traje el buen cliente
le dijo, algo cortado, al sastrecillo:
“La manga, por
aquí, cuelga un poquillo”.
“No es nada
—respondióle su pariente—,
con que dobles el
codo está arreglado;
incluso te dará
mayor prestancia”.
“¿Y también la
joroba da elegancia?”
-preguntó el pobre
hombre, algo escamado.
Y dijo el alfayate,
terminante:
“Hay que ver, primo
Juan, qué tonto eres;
si te inclinas un
poco hacia adelante,
te arreglo ese
fardel con alfileres”.
“¿Y el hombro que me
queda tan caído?”
“Te lo subo con guata, y concluido”.
[III]
“De acuerdo —dijo el hombre resignado —;
lo malo es el
pernil que sobresale”.
Y respondióle el
sastre: “Vale, vale,
encoges la rodilla,
y solventado”.
Después del "arreglillo" pertinente,
el tipo parecía una
alcayata.
El sastre, le soltó
una perorata
y el otro la aceptó
calladamente.
Y, así, tras
realizar un gran esfuerzo,
el hombre se
enfundó en el atavío
y lució por la
calle su ropaje.
Y uno dijo, mirando
aquel escuerzo:
“Hay que ver lo mal
hecho que está el tío
y lo requetebién
que le está el traje”.
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