jueves, 2 de mayo de 2013


    La semana pasada, mi chisneto habitual fue publicado por mi hijo Guillermo
 en su página web. Me ha parecido oportuno (y sobre todo útil) impulsar su
 iniciativa de dar a conocer nuevos (y viejos) libros, comentarios sobre ellos,
 ofertas, orientación y concursos.
   Así, pues, os remito, a este enlace http://www.librosbusca.com/chiste-en-poesia/
para que podáis leer "El viejo y la barra de pan".
   
      El chisneto de hoy es este:


EL ATLETA ESPAÑOL Y EL NIGERIANO
              [I]
Coincidieron en una maratón,
un atleta español y un nigeriano;
ganó, con diferencia, el africano
y el nuestro planteóle esta cuestión:

“¿Por qué todos los negros corréis tanto?;
¿por qué estáis tan dotados para esto?”
El joven preguntado, con buen gesto,
le dijo, sin reserva, cómo y cuánto:

“Nos damos con dos piedras, o adoquines,
treinta veces en nuestros cataplines”.
El español quedóse de una pieza;

mas, dado que tenía pundonor,
amén de juventud y de orgulleza,
probó el “entrenamiento del dolor”.

                [II]
Le dio por repetir, las treinta veces,
aquellos ejercicios de petreras.
Por ello, sus colegas de carreras
le pusieron de mote “El Cascanueces”.

Al cabo de unos meses, se encontraron
nuestro español y el susodicho bruno
en otra maratón, y, de uno en uno,
de sus logros y marcas se contaron.

“Dime cómo te fue con mi receta.
¿superaste el bajón?, ¿qué conseguiste?”,
le preguntó el moreno a nuestro atleta.

Y el nuestro contestó, casi llorando:
“El record todavía se resiste;
sin embargo el color lo voy tomando”.

domingo, 21 de abril de 2013



Siguiendo con el preobituario...

UNO QUE SE CONFIESA A SU SEÑORA

Uno que estaba enfermo y se moría
quiso dejar tranquila su conciencia,
confesando a su esposa su experiencia
en asuntos de faldas, y decía:

“¿Te acuerdas de Paquita, la criada
que tuvimos a poco de casarnos,
y venía los viernes a limpiarnos?:
pues, su cuerpo fue mío, esposa amada.

¿Y de aquellas dos primas de Onteniente
que venían a vernos en verano?:
sus cuerpos fueron míos, igualmente”.

La esposa con un guiño complaciente,
acaricia al enfermo, con la mano,
y también le confiesa un viejo lío:

“No te aflijas por esos desafueros;
vivimos frente al Cuerpo de Bomberos:
pues, ese Real Cuerpo ha sido mío”.



domingo, 14 de abril de 2013

      
        Después de quince días ausente (la rodilla ha tenido que ver en ello), traigo hoy una historia que, con su peculiar gracejo, suele contar nuestro paisano Chiquito de la  Calzá.   
     Va por él, y por los fieles seguidores del blog. (A los "nuevos" tengo que recordarles que más abajo hay más historias). Un abrazo. Ricardo Redoli.


Dicen que se moría un abuelete
por culpa de la edad y la bebida;
de todo había catado en esta vida:
desde el champán francés hasta el clarete.

En ese trance duro e irreversible,
le atendía, solícita, su esposa,
dispuesta a complacerle en cualquier cosa
que le hiciera la suerte más sufrible:

“¿Tienes algún antojo, en esta hora?”,
le preguntó la amable y fiel señora.
Y con voz apagada y vinolenta:

“Anda y ponme un coñac”, dijo el abuelo.
“Toma agua —le dijo la parienta—,
que el coñac que nos queda es para el duelo”.



lunes, 1 de abril de 2013

   
    Este corsario tiene una vena religiosa poco al uso; sin ser muy amigo de procesiones y de ritos populares, cree, firmemente, que un ser excepcional dio la vida por defender sus ideas y, por ende, por aquellos que decidieron compartirlas. Si hubo un premio a su labor, extensivo a quienes creemos en Él,  tuvo que ser este


DOMINGO DE RESURRECCIÓN

El alba se despierta alborozada.
El hijo de Dios vivo resucita:
no ha podido la muerte en esa cita
cobrarse, como es norma, su soldada.

La piedra, del sepulcro retirada,
da paso a quien es luz, y en ella habita,
a quien venció a la muerte, la maldita
herencia del pecado y de la nada.

Y Cristo, a quien la ira sin sentido
matara provocando al Dios Eterno,
resurge de la tumba y cobra vida:

nos abre el Paraíso, ayer perdido,
derrota a los poderes del averno
y cumple su palabra prometida.


jueves, 28 de marzo de 2013

     Quiero dedicar este chisneto a Diego Gómez Cabrera, el más fiel pregonero y mejor recitador de nuestra Semana Santa. Lastima que la sinrazón y la envidia de muchos nos hayan privado de su cálida y sentida voz en unas fechas tan entrañables para todos los malagueños.
    Diego, querido hermano, la gente de buena voluntad y tu "Cautivo" te quieren y están contigo. Un fuerte abrazo.


¡AL RICO PAN CON ACEITE!

                   I
En un hogar gitano se pasaba
tanto apuro, pobreza y carestía,
que, cuando se cenaba o se comía,
sólo pan con aceite se cataba.

El padre repartía el unto escaso
a ritmo de tambor procesional,
y le daba a la escena un ritual
similar al de un trono que va al paso.

Y haciendo de tambor y resonancia,
marcaba un pon, pon, pon, porrompompón,
al tiempo que soltaba aquella “untancia”
a razón de una gota a cada pon.

Mas los trozos de pan, con tal escancia,
se quedaban más seco que un terrón.

                   II
Sin embargo, al hacer porrompompón,
dispensaba en su bollo la aceitera
con tanta lentitud y en tal manera,
que siempre le caía un chorreón.

De ese modo, aquel padre se escanciaba
tal cantidad de aceite y con tal arte,
que la alcuza perdía buena parte,
cada vez que su turno le tocaba.

Como el hambre es amiga de ocurrencia,
al llegarle su turno a un gitanillo,
y por ver si cambiaba la receta—
le dijo a su papá la menudencia:

“Opá, pare usté er trono aquí un poquillo,
que voy a ve zi canto una zaeta”.




miércoles, 20 de marzo de 2013


Amigos y amigas, gracias por vuestros buenos y saludables deseos.
Con el fin de no perder la comba “chisnetera”, traigo hoy esta improvisada historieta, que me fuera contada por una querida alumna y amiga, Meli Nadales.
Si no vuestra sonrisa, haced uso, al menos, de vuestra tolerancia.
Gracias otra vez.


EL CATETO Y EL PUNKY DE SU PUEBLO

Un cateto que había regresado
a su pueblo natal, dejado antaño,
se topó con un tipo un tanto extraño
en materia de ropa y de peinado.

Movido de una gran curiosidad
por el punky de cresta colorada,
le preguntó, con voz entrecortada,
al joven del penacho, por su edad.

“Cumplí los veintitrés el mes de enero.
¿Por qué quiere saber usted de mí?”.
Y respondió el paleto al pinturero:

“Podrías ser mi hijo y me acoquina:
es el tiempo que hace que me fui,
tras hacerle el amor a una gallina”.

viernes, 8 de marzo de 2013


      
Pelargón, Nativa, leche humanizada…
donde esté la teta de una madre…:
la otra teta (evidentemente). ¡Buen finde!


EL ANTOJO DE UN HOMBRE HUERFANITO

              [I]
En un vagón de tren de estrecha vía,
la madre de un bebé, todo dulzura,
ateta con cariño a su criatura
que mama con normal glotonería.

Testigo de la escena, un pasajero
que ocupa plaza frente al atetado,
parece recrearse ensimismado.
La mujer le reprende: “¡So grosero!”

Oído aquel insulto radical,
el hombre se sincera de inmediato:
“Señora, no me juzgue usted tan mal

Escuche, por favor, este alegato:
jamás probé la leche maternal,
que solo conocí la de orfanato.

                [II]
De ahí que haya mirado sin obstancia
la escena del atete de su niño,
y, viendo en ese gesto tal cariño,
he vuelto a recordar mi dura infancia”.

Habida la precisa explicación,
expuesta por el dicho convecino,
la mujer se apiadó del orfelino,
y díjole ofreciéndole un pezón:

“Si quiere, pruebe un poco de mi teta,
a ver si se le quita esa añoranza”.
Tras una invitación tan atrevida,

el hombre deja libre su banqueta,
da un paso hacia adelante y se abalanza
dispuesto a darse el gusto de su vida.

                 [III]
Y, asido al buen pezón como una lapa,
el hombre, que no sabe del instinto,
no chupa cual bebé, sino “distinto”:
la teta se le viene y se le escapa.

Cachonda, por el rudo mamoneo
que produce el chupón cuando arremete,
la mujer, que no piensa en el destete,
nota que se le sube un cosquilleo

que luego se le baja a los talones:
“Pídeme lo que quieras, corazón”,
le dice al "huerfanito" la melones.

Y el nota, sin soltarse de la teta,
masculla su deseo, el muy glotón:
“¿No tendrás en el bolso una galleta?”